lunes, 2 de julio de 2018

La visita fugaz de un pequeño ángel. Quizás un mensaje, tal vez una señal o un cúmulo de coincidencias del azar.

 Quiero daros las gracias a todos los que habitual o esporádicamente  habéis visitado mi humilde blog a lo largo de estos años.  Estoy muy cansado tanto físicamente como sobre todo  anímicamente y necesito desconectar. 
   Y me despido con esta pequeña historia  deseando a todos mucha felicidad y amor a raudales, aunque a veces  duela. 

   Esta fugaz historia comenzó el día 26 de junio pasado. Sé que no es adecuado ni aconsejable guardar en casa la urna cineraria de los restos de alguien fallecido pero la realidad es que necesitaba que las cenizas de mi querido Iñaki estuvieran en su casa para tenerle cerca y no encerrado en un frío nicho de un cementerio, al menos hoy por hoy.


En aquella tarde del día veintiséis estuve hablando con él frente a su urna (quizás esté perdiendo el norte). Como casi todos los días, le decía que cuanto más pasaba el tiempo, más le echaba de menos, pero aquella tarde le pedí un deseo. Muchas veces me comentaba que yo era su ángel de la guarda y que ahora necesitaba que lo fuese él conmigo.

    Luego estuve haciendo diversas tareas.  Transcurrida una hora empecé a escuchar ruidos en la terraza. Al principio pensé que sería de la persiana que golpeaba en la ventana como consecuencia de la corriente de aire, ya que acostumbro a dejar una pequeña rendija de ventilación. Cuando me acerqué, vi que había un pajarito precioso de vivos colores revoloteando y lo cogí en mi mano. Como un bobelas comencé a hablarle preguntándole que quién le había enviado hasta aquí, quién era,  porqué estaba aquí. Parecía escucharme. Me dio pena y pensé que lo mejor sería dejarlo libre. Abrí por completo la ventana corredera, saqué mi mano abierta con el pajarito encima para que volara y se marchara pero cuál fue mi sorpresa que ignoró el exterior y se me subió por el brazo hasta el hombro. Mientras tanto no paraba de cantar intentando llamarme la atención.  Me dejó perplejo. 

Durante mucho rato le estuve observando y no salía de mi asombro. No se despegaba de mí ni por asomo. Como no tenia identificado el pajarito en cuestión, me puse a buscar en internet con el móvil mientras él seguía agarrado a mí. No me dejaba ni manipular el móvil porque se ponía encima.  Quería toda mi atención exclusivamente para él. No obstante conseguí hacerme unos selfies rápidos de muy mala calidad. Mientras tanto parecía auscultarme. Me rodeo por los hombros como buscando algo. Se me colocó frente a la oreja y, (no es ninguna broma), parecía decirme algo en forma de susurro. A continuación noté cómo me propinó un pequeño picotazo, cual si fuera hecho con un finísimo alfiler. No lo di importancia.


Tras investigar en internet lo identifiqué como un agaporni, una pequeña ave muy especial, emparentada con los loros, conocida como "inseparable" o "pájaro del amor". No podía creerlo. Una coincidencia, una casualidad o quizás una señal. Porqué estaba allí?. Porqué sin conocerme no se despegaba de mí?. Absorto y emocionado comencé a darle vueltas al coco. Quise creer que me lo enviaba Iñaki para darme un mensaje de que estaba bien y que no sufriera por su marcha. O tal vez la cruda realidad: que este tipo de comportamiento es habitual en los agapornis con todo el mundo aunque  fuera con desconocidos.. No lo sé.

Ya de noche le dejé unas galletas y un  plato con agua porque leí que les gustaba bañarse.

A la mañana siguiente (día 27 de junio) su canto era casi escandaloso. En cuanto abrí la puerta de la terraza se me lanzó al pecho como un obús y ya no me dejó en paz. 

 Al no saber cómo resolver la situación, me presenté en la tienda de "Alarcia" y allí compré un bote de comida especial para este tipo de ave, y me dejaron una jaula con sus complementos. Igualmente aporté a la chica de la tienda mi número de teléfono por si acaso el propietario lo estuviera buscando. Tuvo que ser un palo para él su ausencia.


En casa intenté ponerle en la jaula comida, una pequeña cestita para verduras, y un bebedero. Lo metí dentro pero comprobé que no le gustó nada que le encerraran y se puso nervioso por lo que opté por dejarlo libre en la terraza . Lo que quería era estar encima de mí a todas horas. " Ni pa mear me soltaba".

Se lo conté a mi hermana, y se acercó al piso para que lo viera. Comenzó a hablarle y se abalanzó con el mismo ímpetu hacia ella, quedando también sorprendida de su extraño comportamiento. Era un espectáculo. Por la tarde vino de nuevo mi hermana con mi madre para que lo viera, porque no se lo llegaba a creer. En un momento dado el agaporni se puso en mi hombro y de nuevo noté el mismo pinchacillo que el día anterior. Seguí sin darlo importancia hasta que mi hermana se dio cuenta que donde me pinchó era en una verruga de considerable tamaño que ignoraba que la tenía en el cuello, detrás de la oreja. Me había hecho sangrar y estaba amoratada. Fue entonces cuando me apliqué una sustancia que hay para quemar verrugas, y ahí quedó la cosa.

Al siguiente día (28 de junio) miré en la terraza y totalmente desconsolado comprobé que había desaparecido. Se fue por la estrecha rendija por donde dos días antes entró y por donde escapó. Sentí mucha pena. Mi intención final era quedármelo en el caso de que no apareciera su dueño. Me haría compañía y me amortiguaría la pena por la pérdida de Iñaki y el inmenso vacío que me produjo su ausencia. Coincidencias del destino, se marchó el mismo día pero un mes después (28 de mayo) de cuando Iñaki me dejó.
Aunque me dio muchísima pena su escapada, me resigné en pensar que las cosas siempre suceden por alguna razón que desconocemos e intentamos,  en vano, interpretarlo a nuestra manera y conveniencia.


A continuación fui a verme al espejo de baño la dichosa verruga amoratada para quitarme la capa de costra que genera el quema-verrugas y volverme a dar otra capa nueva. Me la limpié con una gasa en alcohol y noté cómo se desprendió entera. La verruga me desapareció por completo y apenas me ha dejado rastro de que alguna vez la tuviera. Sé que es una tontería, pero ....así fue, y así paso. Sin trampa ni cartón. 

No sé qué pensar, la verdad. Yo que he sido súper escéptico con el "más allá" , que he visto tumbas megalíticas fantásticas, necrópolis rupestres antiquísimas, huesos humanos desparramados en yacimientos arqueológicos y siempre creía que no había nada más después de la muerte,

Decía Lavoisier que la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma, pero... eso vale también para el alma o el espíritu?.  Algo tiene que haber más allá y en mi caso no es una cuestión de fe, ni siquiera una cuestión religiosa (no creo en ellas), es una cuestión de pura  necesidad en pensar que esa persona que has querido tanto puedas algún día reencontrarte con ella en algún lugar maravilloso donde el sufrimiento y la tristeza no existieran. Llamémoslo X,
  
   Perdonad la chapa. Ya no os molesto mas. Llegó la hora. El último (me temo  soy yo) que apague la luz y cierre la puerta. Ha sido un placer compartir con todos los que habéis seguido mis pasos por estos caminos llenos  de satisfacciones y también de piedras, algunas tan grandes que son insuperables.

  Y que no se me olvide: dar las gracias  a todas las enfermeras de la Unidad de Hemodiálisis del Hospital Santiago Apóstol de Miranda de Ebro al igual que a los Técnicos de Ambulancia, en especial a quien ya sabe,  por lo bien que trataron a Iñaki. 

.  Chao amigos. Hasta siempre.

5 comentarios:

Fernando J. Ruiz dijo...

Increíble historia hasta el final la tuya Zalez, desde el sur, yo que simpatizo contigo porque tuve (y tengo estancado) un blog en ocasiones con temática similar al tuyo pero años luz de tu maravillosos paisajes y lugares históricos, te deseo lo mejor. Descansa, descansa pero recuerda que si pronto o tarde el cuerpo o el alma te pide patearte y grabar fotografiar lo que ves para contárnolos,aqui estaremos más de uno dándote la bienvenida. Un abrazo, cuídate.

El tejón dijo...

Hasta cuando quieras.
Un abrazo.

Teresa Llorente Revenga dijo...

Te estaremos esperando Miguel, un abrazo.

El Deme dijo...

Hasta siempre, ZáLez. Gracias por compartir tu historia del curioso pájaro; efectivamente creo que era una señal, de algo.

Isma dijo...

Emotiva despedida la tuya como no podía ser de otra forma pues siempre le pusiste mucho sentimiento a este rincón y quizás a todo lo que haces, algo que intuyo. Aquí estaremos esperandote por si algún instante decides regresar. Un abrazo eterno.