Segundo día: 7-04-2026. Uno lo los platos fuertes:
El Castillo de Loarre, erigido majestuosamente sobre un espolón de roca caliza en la sierra que lleva su nombre, no es solo una fortaleza; es el máximo exponente de la arquitectura civil y militar románica en España y, posiblemente, de toda Europa. Su silueta domina la Hoya de Huesca, ofreciendo un testimonio pétreo de la convulsa frontera que separaba los reinos cristianos de Al-Ándalus en el siglo XI.
La historia de Loarre está intrínsecamente ligada a la expansión del Reino de Aragón. Su construcción se desarrolló principalmente en dos fases clave.
El núcleo primitivo (hacia 1020) fue iniciado por el rey Sancho III el Mayor de Navarra. En esta época se levantó el recinto central, la Torre del Homenaje y la Capilla de Santa María, con una función puramente militar de vigilancia.
La ampliación real (hacia 1070), acometida por el rey Sancho Ramírez, que transformó la fortaleza en un centro espiritual y político al fundar un monasterio de canónigos de San Agustín en su interior. Fue en este periodo cuando se construyó la impresionante iglesia de San Pedro y la muralla exterior que hoy conocemos.
Su importancia estratégica declinó a medida que la Reconquista avanzaba hacia el sur (toma de Huesca en 1096), lo que irónicamente permitió que el castillo se conservara casi intacto, sin las modificaciones góticas o renacentistas que sufrieron otras fortalezas.
Lo que hace único a Loarre es su simbiosis con el terreno. El castillo no se asienta sobre la roca, sino que nace de ella, aprovechando los desniveles naturales como cimentación y defensa adicional. La Muralla Exterior, construida en el siglo XIII, cuenta con un perímetro flanqueado por torreones semicirculares y una única puerta de entrada.
La Iglesia de San Pedro es la joya arquitectónica del conjunto. Presenta una planta de nave única con un ábside semicircular y, lo más sorprendente, una gran cúpula sobre trompas. Es extremadamente raro encontrar una cúpula de tales dimensiones en el románico temprano español, lo que sugiere la influencia de maestros constructores de gran pericia técnica.
La Torre del Homenaje (de 22 metros de altura) funcionaba como último refugio, mientras que la Torre de la Reina protegía la zona residencial.
A pesar de su austeridad militar, Loarre alberga una riqueza decorativa excepcional, concentrada especialmente en la escultura de sus capiteles, los cuales presentan una iconografía variada que va desde motivos vegetales y entrelazados de clara influencia jaquesa (el famoso "ajedrezado"), hasta representaciones figurativas de animales fantásticos y escenas bíblicas.
El diseño de los vanos y ventanales en el ábside de la iglesia genera un juego de luces y sombras que, en el siglo XI, buscaba crear una atmósfera de misticismo y elevación espiritual para los monarcas y monjes que allí residían.
Dato curioso: su excepcional estado de conservación y su imponente estampa lo han convertido en un escenario cinematográfico de primer orden, destacando su aparición protagonista en la película El reino de los cielos (Kingdom of Heaven) de Ridley Scott.
Poco a poco nos íbamos acercando.
Imagen del castillo por la cara norte. Estamos cerca del acceso.
Antes de entrar, una vuelta por el entorno.
Clic.
Clic.
Foto en zoom desde las cercanías.
Clic 2.
La impresionante iglesia de S. Pedro por su ábside.
La Torre del Homenaje.
Panorámica.
Dispuestos a entrar por la puerta de la muralla.
Dentro del recinto amurallado.
Murallas.
Ábside de la iglesia de S. Pedro.
Vistas desde el acceso al castillo. A la izquierda lo que queda de la antigua iglesia, torre del campanario, también conocida como Torre del Vigía o Torre Albarrana.
Hoy se cumplen ocho años desde aquel día en que el tiempo se detuvo de la forma más dolorosa. Te marchaste en el silencio de mi sueño, dejando tras de sí un vacío traumático cuyas secuelas han sido, durante mucho tiempo, una tortura y un dolor constante. Sin embargo, el paso de los años me está permitiendo transformar esa ausencia en serenidad con ayuda de mi compañero de viaje Kepa B. Ruano. He decidido quedarme con la luz de aquellos años en los que la felicidad fue nuestro estado natural, y aunque hoy no es una fecha para la celebración, siento la necesidad vital de honrar tu memoria de una manera positiva, única y profundamente ligada a tus raíces.
Dicen que el tiempo lo cura todo, pero las cicatrices son para siempre. Afortunadamente tengo compañero de viaje que es como un cirujano.
Este proyecto nace como un homenaje personal hacia ti, pero también como un reconocimiento a la figura de los harrijasotzailes (levantadores de piedra) y al deporte rural vasco en general. A pesar de que las circunstancias de la vida te obligaron a alejarte de la práctica activa del levantamiento, hoy he querido revivir aquella pasión compartida. Recuerdo con nitidez nuestro entusiasmo al asistir a cada exhibición en Bilbao o en los pueblos de Euskadi; momentos donde el esfuerzo físico y la tradición nos unían más que nunca.
Para materializar este tributo, he desarrollado un vídeo mediante Inteligencia Artificial que busca ensalzar la figura del levantador vasco desde una óptica vanguardista y fuera de los cánones convencionales. Es una propuesta atrevida y, por momentos, deliberadamente exagerada, que extrae el deporte rural de su ubicación habitual para situarlo en escenarios reales y emblemáticos de la geografía de Euskadi. El resultado es una composición estética de "paisajes con figuras" donde la épica del hombre y la naturaleza se funden y todo ello aderezado con muchos abrazos y muchos besos, sin ningún pudor.
En la creación de los personajes, he seguido criterios específicos para respetar la ética y la privacidad:
La mayoría de los levantadores que aparecen están inspirados en figuras reales, pero sus rasgos y complexiones han sido modificados para evitar identificaciones directas, especialmente en el caso de aquel gran amigo que intentó convencerte de dominar la piedra esférica. Mi objetivo ha sido evitar en todo momento el uso de deepfakes.
Solo en tu caso, Iñaki, he buscado la máxima fidelidad posible aunque no sé si lo he conseguido. Te he recreado tal y como eras: calvo, con tu barba negra y luciendo la indumentaria que estrenaste aquel inolvidable día de tu debut. El chaleco de cuero negro (los refuerzos de los hombros los he evitado porque la IA se iba de madre), la faja marrón oscura y el pantalón de cuero marrón claro visten una robustez que es auténtica. Como heredero universal de tu legado, he sentido el deber de proteger y proyectar tu imagen con el mayor de los orgullos.
La pieza, de más de diez minutos de duración, es el fruto de un arduo proceso de "prueba y error". La Inteligencia Artificial presenta limitaciones notables al intentar replicar movimientos tan técnicos y complejos como el del levantamiento de piedra. Describir cómo pivotar una pesada esfera de granito alrededor de los hombros, el cuello y el pecho —emulando la maestría de referentes como Perurena o Saralegi— requirió una precisión absoluta.
Para lograrlo, conté con la ayuda de Gemini, analizando vídeos de Perurena para traducir esos movimientos coreográficos a prompts técnicos en inglés. Tras mucho esfuerzo, logramos la secuencia definitiva: esa donde apareces a la orilla del mar, bajo un cielo estrellado, en un ocaso espectacular sobre el Cantábrico.
Este vídeo no es solo tecnología; es la culminación de una promesa silenciosa. Es mi forma de decirte que, aunque te fuiste mientras dormía, tu fuerza sigue girando, como la piedra esférica de granito, en el centro de mi memoria cada vez más mermada por la edad.
La presente entrada procede de mi otro blog, mucho más personal: SANANDO RECUERDOS.