sábado, 22 de agosto de 2026

Vegafría (Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña).

 


Vegafría no es uno de esos pueblos ricos en historia o patrimonio artístico. Vegafría es el pueblo donde nació el padre de Pedro, así como algunos de sus hermanos mayores y allí vivieron hasta que la necesidad les impulsó a emigrar al norte, en busca de una vida mejor. Ya había visitado en una ocasión anterior este pueblo con Pedro, pero esta vez nos fuimos preparados con la intención de hacer un reportaje en condiciones. Por consiguiente, se puede decir que lo que impulsa la realización de esta entrada es, sobre todo, hacer un ejercicio de memoria sentimental.

Vegafría se sitúa al norte de Segovia, lindando ya con la provincia de Valladolid. Desde 1970 está agregado al municipio de Olombrada. Sin embargo, aunque Olombrada pertenece a la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, Vegafría está integrada históricamente en la Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña.

Como tantos otros, este enclave nace en la época de la Reconquista, que por estos parajes empieza a lo largo del siglo XI. En 1210 aparece mencionada en el deslinde de los territorios del concejo de Cuéllar por parte de Alfonso VIII:

«…e dend a la fuente de Val de la cueva, e dend a las peñas que están sobre Benbibre, e dend a la carera de Vega fría…»

Como se observa, en un principio la localidad aparece referida como Vega Fría y el pueblo hace honor a su nombre, pues en esta zona de vega la temperatura puede bajar un par de grados con respecto a su entorno, lo cual puede resultar agradable en verano pero no tanto en invierno.

Ya en 1247 el pueblo aparece referido con su nombre actual, Vegafría, aunque durante mucho tiempo pueden encontrarse ambas versiones en diferentes documentos.

En la actualidad la localidad está rodeada fundamentalmente de campos de cereales y en sus cercanías también encontramos algún pinar. Sin embargo, la presencia de varias bodegas en las afueras de la población delata que en el pasado el cultivo de la vid también fue parte de la economía local.

Estas bodegas se sitúan especialmente en las cercanías de la ermita del Santo Cristo del Humilladero. Recoge Pascual Madoz en su "Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar" (1845-1850) que esta era una de las 255 ermitas existentes entonces en la provincia de Segovia.

El Humilladero está unido al pueblo por un calvario o Vía Crucis, con sus estaciones marcadas por sus correspondientes cruces de piedra, siguiendo la tradición muy presente en muchos pueblos de la zona.

La vida en Vegafría se articula alrededor de su plaza mayor, "El Pradillo", tapizado en césped y sin rastros de asfalto o adoquinado. En el mismo encontramos una fuente y el lavadero que, aunque no mantiene su función, sigue recibiendo agua en su pileta.

En las inmediaciones de "El Pradillo", al otro lado de la carretera que cruza la localidad, encontramos el edificio más destacado de Vegafría, la iglesia de Santa María Magdalena, denominada así por la santa patrona de Vegafría, en cuyo honor se celebran las fiestas del pueblo el 22 de julio.

Esta iglesia tiene un origen románico, pero apenas quedan restos del mismo. El elemento más destacado de esta época es su pila bautismal románica, fechada a finales del siglo XII o principios del siglo XIII. Se encuentra situada en una capilla a los pies del templo y arrimada al muro de la epístola. Se compone de una copa semiesférica de 117 cm de diámetro asentada sobre pie troncocónico de 30 cm de altura. Su única decoración se centra en el vaso, con un esquema repetido de gruesos gallones bajo arcos pinjantes rematado por una cenefa de puntas de diamante y bocel cercano a la embocadura.

El edificio actual data del siglo XVI. Se partió de un proyecto ambicioso para una iglesia de trazas góticas, pero no se llegó a completar, por lo que se observa una cierta desproporción entre la nave y la cabecera. El transepto, la capilla mayor y la capilla lateral se cubren con bóvedas de crucería cuyos nervios parten de grandes columnas. Sin embargo, la nave principal se cubre con un artesonado mudéjar, posiblemente por falta de fondos para completar las bóvedas proyectadas.

El retablo mayor es una obra de alrededor de 1595 tallada por Pedro de Santollo y con pinturas de Gabriel de Cárdenas Maldonado, este último considerado el artista de mayor relieve activo en Cuéllar en el último tercio del siglo XVI.

La iglesia está dotada con un órgano de 1859, obra de José Otorel. Durante muchos años estuvo inactivo por su deterioro, pero en 2009 fue restaurado y puesto nuevamente en servicio por Fermín Trueba Pérez, un amante de estas joyas musicales a las que ha dedicado buena parte de su vida. Por sus manos han pasado importantes restauraciones en Castilla y León.

Vegafría es uno de esos tantos pueblos aquejados por la despoblación. Según los datos del INE, en 1950 tenía censados 310 habitantes, pero desde ahí inició un lento declinar por el rápido éxodo de buena parte de su población a capitales del entorno y del norte, buscando una mejoría de la economía familiar. De esta forma, ya en el año 2000 apenas tenía 41 habitantes censados y desde ahí el declive ha sido espectacular, pasando a tener meramente 8 habitantes en el censo de 2024.

Pese a todo, Vegafría todavía sigue recuperando parte de su vida perdida en los meses de verano, con la vuelta al pueblo de los hijos, nietos e incluso biznietos de sus habitantes emigrados. Parte de esta recuperación ha sido gracias a la acción de la "Asociación de Amigos de Vegafría", que ha impulsado la realización de actividades culturales y lúdicas, especialmente durante la "Semana Cultural de Vegrafía", celebrada entorno a la segunda semana de agosto.

Ayudando de alguna manera al resurgir de la vida de Vegafría, en los últimos años se han instalado en el pueblo dos casas rurales, "El Lagar de Vegafría" y más recientemente "La Vega Fría". Aunque el número de habitantes sigue en franco declive, la vida de Vegafría se resiste a desaparecer. Esperemos que sea así por mucho tiempo.


Vía Crucis

Ermita del Santo Cristo del Humilladero

Bodegas.

Clic.



Iglesia de Santa María Magdalena (S. XVI, de origen románico).

Espadaña.


Retablo Mayor: 1595. Talla: Pedro de Santoyo. Pintura: Gabriel de Cárdenas.

Pila bautismal románica.



Bóveda.

Órgano de José Otorel, 1859.

Artesonado mudéjar.



"Santiago Matamoros"

Sacristía.

Tumbas centrales.


Clave de bóveda.



Clave de bóveda.



Lavadero.



  

 VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO:

miércoles, 19 de agosto de 2026

Ameyugo: Centinela de las Tierras del Ebro (Burgos).

 

Situado en un enclave estratégico de la provincia de Burgos, a las puertas del imponente Desfiladero de Pancorbo, el pueblo de Ameyugo ha sido, desde tiempos medievales, un testigo fundamental del tránsito, la frontera y la defensa en la comarca del Ebro. Su historia está íntimamente ligada al control de las vías de comunicación que unían el centro de la Península con el norte y Europa, un factor  geográfico que esculpió su fisonomía y lo convirtió en un bastión señorial relevante.

Los orígenes documentados de Ameyugo nos trasladan a la Edad Media. Por su término discurría uno de los ramales históricos del Camino de Santiago y la vía principal de comercio, lo que atrajo el interés de las grandes familias nobiliarias de la época.

 El municipio perteneció inicialmente a la poderosa Casa de Lara. Con el paso de los siglos, concretamente hacia el siglo XVI, su propiedad y control señorial pasaron a ser compartidos por dos de los linajes más influyentes de la Corona de Castilla: los Velasco (Condestables de Castilla) y los Vélez de Guevara.

Además de su actual iglesia de Santa María la Antigua, Ameyugo contó con una joya del románico del siglo XIII: la ermita de San Juan. Lamentablemente, su espléndido ábside —que guardaba grandes similitudes con el de San Nicolás de Miranda de Ebro— corrió la misma suerte que otras tantas piezas del patrimonio español y fue vendido en 1930 a coleccionistas estadounidenses, perdiéndose su rastro exacto en la actualidad.

Ubicado en el propio entramado urbano del pueblo, el Torreón de los Guevara es el monumento más imponente y mejor conservado de Ameyugo. Se trata de una magnífica muestra de arquitectura militar y residencial señorial de finales del medievo.

 Aunque se le conoce popularmente con el nombre de los Guevara, la fortaleza estuvo vinculada originariamente a la familia Velasco. La documentación histórica apunta a que fue mandada levantar hacia el año 1480 por doña Isabel de Guevara.

 El edificio presenta una planta rectangular, siendo notablemente más alargado que profundo. Sus muros, de un grosor considerable de 1,20 metros, están construidos con un sólido sillarejo, reforzado con sillares perfectamente labrados en las esquinas.

En su fachada norte destaca un elegante ajimez (ventana de doble arco).

En la parte superior del torreón todavía sorprende una apretada hilera de canecillos, los cuales denotan la probable existencia en el pasado de un cadalso (estructura de madera volada para la defensa vertical).

 Aunque el tiempo ha limado parte de su corona, en el muro septentrional aún se conservan algunas de sus almenas originales, albergando en su interior la planta baja y tres pisos de altura.

En la cima del monte que corona Ameyugo, vigilando desde las alturas el curso del río Oroncillo, se asientan los vestigios de un antiguo castillo medieval. Esta fortaleza primigenia cumplió durante siglos la función crítica de proteger la frontera y dominar visualmente los accesos al desfiladero.

Con el devenir de los tiempos el castillo fue perdiendo su utilidad militar y quedó abandonado, desapareciendo casi por completo.

Sin embargo, la historia le reservó un último servicio estratégico en el siglo XIX: en el contexto de las Guerras Carlistas, el ejército liberal aprovechó los restos de la pequeña torre fortificada del castillo para integrarla en la modernidad de la época. Fue readaptada y reconvertida en una torre de telégrafo óptico.

Estas líneas de telegrafía óptica consistían en una red de torres fortificadas situadas en lomas elevadas, separadas a unos kilómetros entre sí. Mediante un sistema de persianas o lamas de madera móviles situadas en la azotea, los soldados enviaban mensajes visuales codificados que se replicaban de torre en torre. La posición elevada y casi inaccesible de la vieja fortaleza de Ameyugo resultaba perfecta para conectar rápidamente las comunicaciones militares entre Madrid y la frontera norte, uniendo la ingeniería decimonónica con los viejos cimientos de la estrategia medieval.

Hoy en día, el contraste entre el robusto torreón señorial a pie de calle y las evocadoras ruinas de la torre telegráfica en la cumbre configuran un paisaje patrimonial único que define a la perfección la esencia histórica de Ameyugo: un pueblo nacido para vigilar, comunicar y proteger.



A orillas del río Oroncillo.




Torreón de los Guevara.




Restos del castillo roquero cuya última función fue la de telégrafo óptico.




Iglesia de Santa María La Antigua.




Antiguo puente sobre el Oroncillo ofuscado por la construcción de la Autopista.



Restos del castillo (fotos de archivo)


Puente sobre el Oroncillo poco antes de iniciarse las obras de la Autopista AP1.


Imágenes de hace unos años del castillo (archivo personal):





   VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO:


  ÁBSIDE DE LA DESAPARECIDA ERMITA ROMÁNICA DE SAN JUAN, del siglo XIII que fue vendido en 1930 a coleccionistas estadounidenses, perdiéndose su rastro exacto en la actualidad. Lo he recuperado "gráficamente" gracias a un grabado antiguo y sobre todo a la Inteligencia Artificial. 


   VÍDEO HECHO EN BASE A LA IMAGEN ANTERIOR: