Nacida en pleno siglo XI a orillas del río Oja, Santo Domingo de la Calzada representa uno de los hitos históricos y patrimoniales más emblemáticos de La Rioja y del Camino de Santiago Francés. En 1973 su casco histórico fue declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico.
La historia del municipio está indisolublemente ligada a la figura de Domingo García (1019-1109), un ermitaño que dedicó su vida a facilitar el tránsito de los peregrinos que se dirigían a Compostela. En un entorno boscoso y accidentado, el santo roturó terrenos, construyó un calzada de piedra —que daría nombre a la ciudad— y levantó un puente de madera sobre el río Oja.
Junto a estas infraestructuras, erigió un hospital de peregrinos y una pequeña ermita, núcleo primigenio sobre el cual Alfonso VI de Castilla impulsó el asentamiento urbano tras la muerte del fundador. Durante la Edad Media y el Renacimiento, el enclave se consolidó como plaza fuerte fronteriza e insustituible centro asistencial de la ruta jacobea.
El trazado urbano de la población abarca desde el románico hasta el barroco y conserva el mayor recinto amurallado de La Rioja, mandado
levantar en el siglo XIV por Pedro I de Castilla durante las guerras
fratricidas contra Enrique de Trastámara. Aún se conservan varios paños
de muro, torres de planta rectangular y cilíndrica, así como antiguas
puertas de acceso.
La Plaza Mayor o de España se crea a la par que la construcción de las murallas. Durante años acogió el mercado y se utilizó como plaza de toros. Su empedrado actual es del siglo XX.
En la Plaza de España se sitúa el Ayuntamiento, edificio del siglo XVIII obra del maestro Francisco Agüero. En su planta baja hay nueve arcos adosados a la primitiva muralla.
Anexo a este edificio encontramos la Alhóndiga y la Carcel Real. La Alhondiga, cuya función era la de almacén y venta de grano, fue mandada construir por el Corregidor Pedro Nolasco en 1773 y fue la sede oficial del Corregimiento y de la Merindad de La Rioja, hasta su supresión por las Cortes de Cádiz en 1812. En su planta baja se encuentra la Carcel Real, que estuvo en uso hasta mediados del siglo XX.
En el casco de la ciudad podemos encontrar diversas casas cuyas fachadas son testigo de la pujanza económica de algunos de sus habitantes. Podemos destacar, entre otras, la casa de Lorenzo de Tejada, construida hacia 1681, cuya fachada de sillería con escudo está rematada por un hermoso alero de dobles canes tallados.
También de interés es la casa que el Corregidor de la ciudad, Diego de Ocio y Vallejo, que éste mandó edificar hacia 1556, siendo su parte derecha reformada en el siglo XVIII. Desde 1968 este edificio acoge un albergue de peregrinos y es sede de la Cofradía de Santo Domingo, la cofradía asistencial más antigua del camino de Santiago, fundada por el propio santo en el siglo XI.
Con todo, por el contenido artístico e histórico que encontramos en los mismos, los dos edificios más importantes de Santo Domingo de la Calzada son el Convento de San Francisco y la Catedral del Salvador. Precisamente, debido a su interés, dedicaremos sendas publicaciones a ahondar más en la historia y el patrimonio de ambos lugares, presentando aquí una pequeña pincelada fotográfica de los mismos.
Acabamos el recorrido por Santo Domingo con la torre exenta de la Catedral. Esta no fue la primera torre de la catedral, pues anteriormente se habían levantado otras dos torres. La primitiva, románica,
fue destruida por un rayo en el año 1450. La segunda a mediados del
siglo XVIII amenazaba ruina y tuvo que ser desmontada por el peligro de
poder caerse sobre la entrada que usaban los fieles. La tercera torre,
la actual, tuvo que construirse exenta de la catedral debido a la
corrientes subterráneas de agua.
Esta obra barroca de Martín de Beratúa, fue levantada entre los años 1762 y 1767 y con sus 70 m de altura es la torre más alta de La Rioja, razón por la que es conocida como la "Moza de La Rioja". Ofrece desde su campanario unas preciosas vistas de la ciudad y sus alrededores. En su interior alberga un museo de relojes y campanas y conserva el reloj original del siglo XVIII, siendo la única torre catedralicia de España cuyo reloj original sigue en funcionamiento.
Ayuntamiento
Alhóndiga y cárcel real.
Escudos en la fachada de la Alhóndiga.
La Catedral vista desde la Plaza Mayor.
Canecillos del ábside románico de la Catedral (en obras).
Fachada de la catedral y su torre exenta.
Vistas de la Plaza Mayor desde la torre exenta.
Colección de relojes y campanas en el interior de la torre exenta.
Campanario de la torre exenta.
Clic.
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Muralla. Vista desde el campanario de la torre exenta.
Carro chillón dentro del Albergue de Peregrinos/Casa de la Cofradía de Santo Domingo.
En el extremo norte de la provincia de Segovia, asentada sobre las laderas de un estrecho valle por el que discurre el río Duratón, se encuentra Fuentidueña, una de esas villas castellanas en las que la historia parece haberse detenido entre murallas, iglesias románicas y viejas piedras. Su privilegiada posición, dominando el valle y las vías de comunicación de la comarca, explica la importancia estratégica que alcanzó durante la Edad Media.
Aunque sus orígenes se remontan probablemente a los primeros tiempos de la repoblación cristiana, Fuentidueña aparece documentada en el siglo XII. En 1147 se convirtió en cabeza de la Comunidad de Villa y Tierra de Fuentidueña, iniciando una etapa de especial relevancia que alcanzaría su máximo esplendor durante los siglos XII y XIII. La villa quedó entonces protegida por un amplio recinto amurallado y su posición estratégica hizo que estuviera vinculada a algunos de los principales acontecimientos de la Castilla medieval. El propio Alfonso VIII estuvo estrechamente relacionado con Fuentidueña, donde celebró Cortes y otorgó testamento en 1204.
Con el paso del tiempo, y especialmente desde el siglo XIV, la pérdida progresiva de su función militar y administrativa provocó un lento declive. Sin embargo, Fuentidueña conserva todavía un excepcional conjunto histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 2007, que reúne numerosos vestigios de su pasado medieval.
En la parte más elevada de la villa se encuentran las ruinas del castillo, integrado en el antiguo sistema defensivo de Fuentidueña. De la fortaleza apenas sobreviven algunos muros, torres y estructuras dispersas, pero su emplazamiento permite comprender perfectamente su función: dominaba desde lo alto el caserío, el valle del Duratón y los caminos de acceso a la población. Las actuales estructuras parecen corresponder fundamentalmente a reformas de los siglos XII y XIII, con posteriores modificaciones. Junto al castillo se extiende el recinto amurallado, que conserva buena parte de su trazado y varias de sus antiguas puertas.
Muy cerca del castillo se encuentran las ruinas de la iglesia de San Martín, uno de los lugares más evocadores de Fuentidueña. El templo, de origen románico, estuvo ligado a la importancia estratégica que tuvo la villa durante la Edad Media. A su alrededor se conserva además una notable necrópolis rupestre, formada por numerosas sepulturas antropomorfas excavadas directamente en la roca. Aquí se enterró a los habitantes de la villa de Fuentidueña desde el siglo X hasta el siglo XVIII, cuando se abandona la iglesia por encontrarse en ruinas.
La historia reciente de San Martín está marcada por la pérdida de su magnífico ábside románico. Como parte de una operación del gobierno de la época para recuperar algunas de las pinturas de la iglesia de San Baudelio de Berlanga (Soria), en 1958 fue desmontado y trasladado a Estados Unidos, donde actualmente forma parte de The Cloisters, dependiente del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. En Fuentidueña permanecen las ruinas de la nave y los restos de la torre, convertidos hoy en un testimonio especialmente sobrecogedor de la pérdida y dispersión de parte del patrimonio histórico español.
Ladera abajo, entrando al pueblo, la iglesia románica de San Miguel constituye uno de los monumentos mejor conservados de la villa. Construida en el siglo XII, presenta una sencilla pero armoniosa arquitectura románica, con una sola nave, ábside semicircular y una hermosa galería porticada. Esta última, formada por siete arcos apoyados sobre columnas geminadas, es uno de los elementos más característicos del templo. Sus capiteles presentan decoración vegetal y en las piedras del pórtico pueden encontrarse incluso antiguos juegos grabados, pequeñas huellas de la vida cotidiana de quienes utilizaron este espacio a lo largo de los siglos. La cornisa exterior se remata con un conjunto de canecillos decorados con motivos zoomorfos y antropomorfos muy bien acabados y en buen estado de conservación.
Descendiendo hacia el río se encuentra otro de los elementos fundamentales de la historia de Fuentidueña: su puente medieval sobre el Duratón. El puente permitió comunicar la villa con los caminos que discurrían por ambas orillas y tuvo una importancia esencial para el tránsito de personas, mercancías y ganado. Aunque su origen es medieval, la estructura que ha llegado hasta nuestros días fue prácticamente rehecha en el siglo XVIII, conservando, no obstante, la memoria de aquel antiguo paso que comunicaba Fuentidueña con su entorno.
Fuentidueña conserva además otros vestigios que completan el recorrido por su pasado: la antigua iglesia de Santa María del Arrabal, el hospital de la Magdalena, la capilla de los Condes de Montijo y diferentes ejemplos de arquitectura tradicional. Todo ello se integra en un paisaje urbano en el que las murallas, las calles estrechas y las construcciones de piedra evocan todavía el carácter de una antigua villa fortificada.
Hoy, entre las ruinas y los edificios conservados, Fuentidueña mantiene intacta buena parte de la atmósfera de aquella villa medieval que durante siglos dominó el valle del Duratón, constituyendo uno de los conjuntos históricos más singulares y evocadores de la provincia de Segovia.
Recinto amurallado de Fuentidueña.
Murallas del castillo.
Ruinas de la iglesia de San Martín.
Necrópolis altomedieval rodeando las ruinas de la iglesia de San Martín.