domingo, 7 de junio de 2026

Iglesias de Santa Cruz de la Serós (Jacetania)


Tras concluir la visita al Monasterio de San Juan de la Peña y acercaros al mirador del Pirineo, paramos de vuelta en Santa Cruz de la Serós. Esta pequeña localidad oscense, ubicada al abrigo del monte Oroel, no es solo un conjunto de calles empedradas y arquitectura tradicional; es un santuario del románico que custodia dos joyas arquitectónicas que, pese a su cercanía física, representan mundos estéticos distintos.

La Iglesia de San Caprasio construida en el primer tercio del siglo XI,  es un ejemplo canónico del románico lombardo. Su sencillez es su mayor elocuencia. Al observarla, destaca la pureza de sus líneas y la técnica del sillarejo, donde la piedra apenas desbastada se une con mortero para elevar muros de una sobriedad absoluta.

El exterior presenta las características arcuaciones ciegas y lesenas (pilastras poco resaltadas) típicas de la influencia de los maestros constructores procedentes del norte de Italia.

El interior es de una sola nave dividida en dos tramos con bóveda de arista, que desemboca en un ábside semicircular cubierto por una bóveda de horno. 

A pocos metros, la Iglesia del Monasterio de Santa María ofrece un contraste monumental. Fundado en el siglo XI como cenobio femenino para las hijas de la nobleza y la realeza aragonesa —incluidas las hermanas del rey Sancho Ramírez—, este templo exhala una autoridad y elegancia propias del románico pleno o jaqués.

La Torre es, sin duda, el elemento más icónico. Su imponente volumen cúbico destaca sobre el paisaje, coronada por una cámara de campanas que parece vigilar el valle.

 En la portada principal se halla un magnífico crismón trinitario, símbolo de la protección real y espiritual del monasterio.

El interior es de una planta de cruz latina con un ábside central de gran altura. 

Caminar de San Caprasio a Santa María es realizar un viaje por la evolución del arte medieval. Mientras que San Caprasio representa la humildad y la técnica funcional de los inicios del milenio, Santa María simboliza el esplendor y la consolidación política del Reino de Aragón.

Ambas iglesias están esculpidas con la misma piedra ocre de la zona.
 
La arquitectura popular de Santa Cruz de la Serós es también muy destacada, con sus viviendas de piedra rematadas con tejados de losas y dotadas de espectaculares chimeneas troncocónicas, que se han vuelto el símbolo arquitectónico identificativo de la población.

Iglesia de San Caprasio. S. XI.



Interior de la iglesia de San Caprasio

Desde la ubicación de San Caprasio, se observa la mole de la iglesia de Santa María.

Iglesia del Monasterio de Santa María. S. XI.

Portada principal, con su crismón.



La torre, de tres cuerpos, tiene una altura imponente.








La torre de la Iglesia de Santa María sobresale entre las típicas chimeneas troncocónicas de las casas tradicionales de Santa Cruz de la Serós.



En primer plano, admiramos una típica chimenea troncocónica, emplazada sobre el típico tejado de losas.



   VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO:

miércoles, 3 de junio de 2026

Del Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña al balcón del Pirineo. HUESCA.

 


   Después de visitar el Monasterio Viejo de San Juan de la Peña subimos al Nuevo Monasterio del mismo nombre. Desde allí hicimos una pequeña ruta a través de una senda, denominada Paseo de San Vicente hasta la Mesa Orientadora del Balcón del Pirineo. Las panorámicas desde el balcón son espectaculares. Se puede contemplar un extenso tramo de los Montes Pirineos. El día fue espectacular y los montes estaban bien cubiertos de nieve. Nada extraño teniendo en cuenta las grandes altitudes que alcanzan algunos picos. 

Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña, S. XVII. En primer plano: dos quejigos centenarios.

Exterior del Monasterio Nuevo. 




Clic. Cómo pasan los años. 


Clic.

Los pinos que marcan el mirador.

Mesa orientadora.



Afotando.









   VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO:

sábado, 30 de mayo de 2026

Monasterio viejo de San Juan de la Peña. Real monasterio. HUESCA.


   Tercera jornada:  8-04-2026.

El Monasterio Viejo de San Juan de la Peña, incrustado bajo el enorme peñasco del monte Pano, es quizás el símbolo más potente de la resistencia y el origen del Reino de Aragón. Su ubicación, fundida con la roca viva, no solo responde a una necesidad defensiva, sino que crea una imagen visual que define la simbiosis entre naturaleza y espiritualidad.

Los orígenes del monasterio se remontan al siglo IX como un refugio de eremitas, pero fue en el siglo XI cuando alcanzó su máximo esplendor bajo el patronazgo de los reyes de Aragón. Sancho Garcés III y, posteriormente, Sancho Ramírez, lo convirtieron en el centro espiritual del reino y panteón real.

Fue un centro de difusión del rito romano en detrimento del mozárabe y un punto clave en el Camino de Santiago. Su declive comenzó tras un devastador incendio en 1675, que obligó a la comunidad benedictina a construir el Monasterio Nuevo en una gran esplanada en lo alto de la montaña.

El aspecto arquitectónico más fascinante es su carácter eremítico y rupestre. El monasterio se divide en dos niveles principales que reflejan diferentes etapas constructivas.

La Planta Baja es de origen Mozárabe y Prerrománico. Aquí se encuentra la Iglesia Baja de los santos Julián y Basilisa, con arcos de herradura y una estructura robusta adaptada al espacio cavernoso. También se ubica la "Sala del Concilio" o dormitorio.

La Planta Alta, de estilo Románico, alberga la iglesia principal consagrada en 1094. La cabecera está formada por tres ábsides excavados directamente en la roca.
 
Asimismo, en esta planta se ubica también Panteón Real Medieval, donde descansan los primeros reyes de Aragón. Posteriormente se erigió un Panteón Real neoclásico, reformado en el siglo XVIII, que protege los restos de figuras como Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I.

En un espacio exterior, encontramos el Panteón de los Nobles, con nichos excavados en la piedra, donde se enterraba a la aristocracia aragonesa que deseaba estar cerca de sus monarcas.

El claustro es la joya indiscutible del conjunto. Datado entre finales del siglo XI y el XII, carece de techo propio, ya que la gran roca superior actúa como bóveda natural.

 Lo más destacado son los capiteles del claustro, tallados por un maestro anónimo de finales del siglo XII. Su estilo se caracteriza por personajes de ojos prominentes y gran expresividad. Las figuras parecen observar al visitante con una intensidad casi hipnótica.

     Los capiteles narran la vida de Jesucristo, desde la Anunciación y la Natividad hasta la Pasión y la Resurrección. No son meros adornos sino una "Biblia de piedra" para la formación de los monjes.



Sala de los Concilios.


Iglesia de los santos Julian y Basilisa. S. X.




Panteón de nobles. S. X-XII.

Laudas con grifos, crismones...


Sala del Panteón Real Medieval.



Sala del Monasterio de San Juan de la Peña y Conde de Aranda.

Se exponen capiteles procedentes de la parte hundida del claustro,.




Iglesia Superior s. XI. En el techo de la parte anterior al ábside se aprecia la roca donde ha sido excavado.





Nave e imafronte de la Iglesia Alta

Desde la capilla de San Victorián. S. XV. Espacio de transición entre la iglesia y el claustro.

Muro del evangelio. Interior Capilla de San Victorián.

Puerta de entrada de la Iglesia Alta al Claustro.

El claustro. Siglo XII.













Interior de la capilla de San Voto y San Félix.

Bóveda de la capilla de San Voto y San Félix.



   VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO: