jueves, 11 de junio de 2026

AÍNSA (Huesca)

 


   Cuarta jornada:  9-04-2026.

En nuestro último día en tierras oscenses, nos acercamos a Aínsa (L'Aínsa en aragonés), una de las villa medievales más cautivadoras y mejor preservadas de España. Situada en el corazón del Pirineo Aragonés, se alza sobre un promontorio, dominando la confluencia de los ríos Cinca y Ara. Su casco antiguo fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1965, aunque desde 1931 la parroquia y el castillo ya tenían categoría de Monumento Nacional.

Su origen se remonta a la época de la Reconquista, siendo el siglo XI un punto de inflexión cuando se integró en el Reino de Aragón bajo el reinado de Sancho III el Mayor.

Sin embargo, la memoria colectiva de la villa está ligada a la Leyenda de la Cruz de Fuego. Según la tradición, en el año 724, las tropas cristianas de Garcí Ximénez lograron derrotar al ejército musulmán gracias a la aparición de una cruz roja luminosa sobre una carrasca (encina). Este evento se conmemora cada dos años en la representación de "La Morisma" y es el motivo central del escudo del Sobrarbe.

El urbanismo de Aínsa es un ejemplo magistral de adaptación al terreno y de arquitectura defensiva. La villa se articula en torno a dos ejes principales que desembocan en su centro neurálgico, todo construido con la sobriedad y resistencia del estilo románico.

La Plaza Mayor es, para muchos, una de las plazas medievales más bellas de Europa. De planta trapezoidal, destaca por sus porches laterales con arcos de medio punto y ojivales, diseñados originalmente para albergar ferias y mercados protegidos de las inclemencias del tiempo.

La Iglesia de Santa María empezó su construcción a finales del siglo XI y fue consagrada en el siglo XII, siendo este templo un baluarte del románico aragonés. Su torre defensiva, de dimensiones monumentales, cumplía una doble función: espiritual y de vigilancia. Su claustro, de planta irregular, es visitable, aunque, desafortunadamente, no está abierto todos los días de la semana. Nosotros tuvimos la mala suerte de encontrarlo cerrado.

El Castillo está situado en un extremo de la villa. Esta fortaleza conserva elementos que van desde el siglo XI hasta el XVI. Su enorme patio de armas y sus murallas ofrecen una perspectiva única de la planificación militar de la época. Desde su camino de ronda de pueden admirar buenas vistas de la población y admirar su privilegiada ubicación sobre la confluencia de los ríos Cinca y Ara, así como acceder al llamado Balcón de la Villa, con privilegiadas vistas de Aínsa con su Plaza Mayor en primer plano.



Subiendo hacia la villa medieval.

Portales de acceso al recinto medieval. Portal de Afuera.

Portal de Abajo, situado a escasos metros del Portal de Afuera.

Vista interior del Portal de Abajo.


Iglesia de Santa María. S. XI-XII.


La Iglesia de Santa María vista desde la Plaza de Alfonso I de Aragón

Arco del Hospital, junto a la Iglesia de Santa María.
Vista panorámica desde los aledaños al Arco del Hospital.



Bajada desde el Arco del Hospital hacia la muralla.

Portal de Tierra Glera, junto con una parte de la muralla.

La torre de Santa María vista desde la Plaza de Alfonso I de Aragón.

Plaza Mayor. S. XII - XIII.

Portal de acceso a la Plaza Mayor desde la Calle Mayor.

Porches de la Plaza Mayor, de estilo románico con arcos de medio punto.



Desde Aínsa se aprecian bonitas vistas de los cercanos Pirineos, todavía cubiertos de nieve.

Dentro del conjunto amurallado del castillo, camino de una de sus partes más antiguas, la Torre del Homenaje (s. XI). Actualmente acoge el Eco Museo de la Fauna Pirenaica.

La torre de la Iglesia de Santa María es visible incluso desde dentro del Castillo.




Panorámica de la villa y su valle circundante desde el camino de ronda del castillo.

Vistas desde el Balcón de la Villa.


Arquitectura típica en un acceso a otro de los miradores de la Villa.

   VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO:

domingo, 7 de junio de 2026

Iglesias de Santa Cruz de la Serós (Jacetania)


Tras concluir la visita al Monasterio de San Juan de la Peña y acercaros al mirador del Pirineo, paramos de vuelta en Santa Cruz de la Serós. Esta pequeña localidad oscense, ubicada al abrigo del monte Oroel, no es solo un conjunto de calles empedradas y arquitectura tradicional; es un santuario del románico que custodia dos joyas arquitectónicas que, pese a su cercanía física, representan mundos estéticos distintos.

La Iglesia de San Caprasio construida en el primer tercio del siglo XI,  es un ejemplo canónico del románico lombardo. Su sencillez es su mayor elocuencia. Al observarla, destaca la pureza de sus líneas y la técnica del sillarejo, donde la piedra apenas desbastada se une con mortero para elevar muros de una sobriedad absoluta.

El exterior presenta las características arcuaciones ciegas y lesenas (pilastras poco resaltadas) típicas de la influencia de los maestros constructores procedentes del norte de Italia.

El interior es de una sola nave dividida en dos tramos con bóveda de arista, que desemboca en un ábside semicircular cubierto por una bóveda de horno. 

A pocos metros, la Iglesia del Monasterio de Santa María ofrece un contraste monumental. Fundado en el siglo XI como cenobio femenino para las hijas de la nobleza y la realeza aragonesa —incluidas las hermanas del rey Sancho Ramírez—, este templo exhala una autoridad y elegancia propias del románico pleno o jaqués.

La Torre es, sin duda, el elemento más icónico. Su imponente volumen cúbico destaca sobre el paisaje, coronada por una cámara de campanas que parece vigilar el valle.

 En la portada principal se halla un magnífico crismón trinitario, símbolo de la protección real y espiritual del monasterio.

El interior es de una planta de cruz latina con un ábside central de gran altura. 

Caminar de San Caprasio a Santa María es realizar un viaje por la evolución del arte medieval. Mientras que San Caprasio representa la humildad y la técnica funcional de los inicios del milenio, Santa María simboliza el esplendor y la consolidación política del Reino de Aragón.

Ambas iglesias están esculpidas con la misma piedra ocre de la zona.
 
La arquitectura popular de Santa Cruz de la Serós es también muy destacada, con sus viviendas de piedra rematadas con tejados de losas y dotadas de espectaculares chimeneas troncocónicas, que se han vuelto el símbolo arquitectónico identificativo de la población.

Iglesia de San Caprasio. S. XI.



Interior de la iglesia de San Caprasio

Desde la ubicación de San Caprasio, se observa la mole de la iglesia de Santa María.

Iglesia del Monasterio de Santa María. S. XI.

Portada principal, con su crismón.



La torre, de tres cuerpos, tiene una altura imponente.








La torre de la Iglesia de Santa María sobresale entre las típicas chimeneas troncocónicas de las casas tradicionales de Santa Cruz de la Serós.



En primer plano, admiramos una típica chimenea troncocónica, emplazada sobre el típico tejado de losas.



   VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO: