Asentada sobre una colina que domina la margen izquierda del río Ebro, San Vicente de la Sonsierra constituye uno de los conjuntos históricos más interesantes de La Rioja. Su privilegiada posición, entre el valle del Ebro y las sierras que lo separan de Álava, convirtió a la villa durante siglos en un estratégico enclave fronterizo. A ello se suma un extraordinario patrimonio monumental y arqueológico, al que acompaña un paisaje profundamente marcado por la cultura del vino y por los extensos viñedos de la Sonsierra.
La presencia humana en este territorio se remonta a tiempos prehistóricos, como atestiguan diversos yacimientos y restos arqueológicos. Sin embargo, la historia de la actual población quedó especialmente determinada desde la Edad Media por su condición fronteriza entre los reinos de Navarra y Castilla. Esta situación explica la construcción de la fortaleza que corona la localidad y el desarrollo de un recinto amurallado destinado no solo a la defensa, sino también a proteger a la población que fue concentrándose en su interior.
El elemento que mejor resume la historia medieval de San Vicente de la Sonsierra es su castillo-fortaleza, levantado en lo alto del cerro y dominando visualmente el Ebro y buena parte del territorio circundante. La fortaleza formaba parte de la línea defensiva navarra frente a Castilla y su construcción comenzó en la segunda mitad del siglo XII, durante el reinado de Sancho VI el Sabio de Navarra. En 1172 el monarca concedió fuero a la villa, reforzando su condición de población realenga y su importancia estratégica.
La fortaleza fue creciendo con el paso del tiempo hasta configurar un complejo defensivo de notable extensión. Sus murallas se organizan en tres recintos escalonados, adaptados a la forma del cerro: el albacar, destinado en buena medida a albergar las viviendas de los pobladores; un recinto intermedio o cortijo; y el recinto superior, donde se encontraba propiamente el castillo. Entre sus elementos defensivos destacan la Torre Mayor, la Torre del Reloj y las antiguas puertas de acceso, entre ellas la llamada Puerta de la Primicia o de Navarra.
Durante los siglos XIII y XIV la fortificación fue ampliándose, al tiempo que la población buscaba la protección de sus murallas. La situación cambió radicalmente en el siglo XV, cuando San Vicente pasó definitivamente a la órbita castellana.
En el corazón del antiguo recinto fortificado se levanta la magnífica iglesia parroquial de Santa María la Mayor, uno de los principales monumentos de San Vicente de la Sonsierra. El templo comenzó a construirse entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, cuando la fortaleza había perdido buena parte de su importancia militar. Su ubicación dentro de las antiguas murallas constituye uno de los rasgos más singulares del conjunto monumental.
El edificio pertenece al gótico tardío, también denominado gótico final, flamígero o estilo de los Reyes Católicos. La iglesia fue declarada Monumento Nacional en 1933, reconocimiento que pone de manifiesto su excepcional valor histórico y artístico.
Muy próxima a Santa María la Mayor se encuentra la ermita de San Juan de Arriba o de San Juan de la Cerca, integrada igualmente en el recinto fortificado. Posee además una particular importancia en la vida religiosa y tradicional de la localidad, al estar vinculada a la Cofradía de la Santa Vera Cruz de los Disciplinantes, relacionada con la singular tradición de los Picaos, una de las manifestaciones religiosas más conocidas de San Vicente de la Sonsierra.
Otro de los elementos característicos de la fortaleza es la Torre del Reloj, situada entre el recinto superior y la explanada donde se encuentran Santa María la Mayor y San Juan de Arriba. Se trata de una antigua torre albarrana, posteriormente adaptada para albergar el reloj público de la villa. Su posición permite comprender la compleja organización defensiva del antiguo castillo.
Con la pérdida de su función fronteriza, el castillo comenzó a perder importancia militar y, progresivamente, el núcleo habitado fue desplazándose fuera de las murallas, hacia la actual Plaza Mayor y las calles que forman el casco histórico. La Plaza Mayor comenzó probablemente a configurarse en el siglo XVI, aunque buena parte de las edificaciones que hoy definen el centro histórico corresponden a los siglos XVII y XVIII.
En la plaza sobresalen el Ayuntamiento, cuya construcción se inició en el siglo XVII y que fue desarrollado en buena medida por Francisco de Mendieta hacia 1726, y el Palacio Gil Aguiriano, junto con otras casas señoriales y edificios históricos. En el centro de la plaza se encuentra también una fuente instalada en 1882, vinculada a la primera traída de aguas de la localidad.
La fortaleza recuperaría temporalmente su función defensiva durante las guerras carlistas del siglo XIX, pero posteriormente sufrió un prolongado proceso de abandono y deterioro. Parte de sus murallas llegó a derrumbarse y sus piedras fueron reutilizadas en otras construcciones.
A los pies del cerro fortificado se encuentra otro de los grandes elementos patrimoniales de San Vicente: su puente medieval sobre el río Ebro. Su posición no es casual, pues controlaba uno de los pasos del río en esta antigua zona fronteriza entre Navarra y Castilla.
Aunque se ha relacionado su origen con la época en que Sancho VI concedió fuero a la villa, las estructuras más antiguas conservadas podrían remontarse al siglo XIII. El puente original contaba con trece arcos y dos torres defensivas. Posteriormente fue reconstruido, especialmente a finales del siglo XVI, y su configuración fue modificándose hasta alcanzar su aspecto actual.
La imagen del puente al pie de la fortaleza, con el castillo dominando desde lo alto el cauce del Ebro, constituye una de las estampas más características de San Vicente de la Sonsierra.
La riqueza patrimonial de San Vicente de la Sonsierra no termina en sus edificios. Su territorio conserva un importante conjunto de necrópolis antropomorfas, eremitorios rupestres, lagares excavados en la roca, prensas rupestres y guardaviñas, testimonios de una larga ocupación humana y de la estrecha relación entre sus habitantes y el paisaje.
Iglesia de Santa María La Mayor y el castillo desde la lejanía.
Se puede observar el derrumbe del muro de contención de la iglesia por las lluvias de mayo de este año.
Imagen de mi archivo de hace muchos años donde se percibe cómo estaba el muro de contención perfectamente conservado. En general, apenas había árboles.
Puente medieval.
Clic.
Clic.
Callejeando.
Ermita de San Roque.
Plaza Mayor.
Bodegas.
El puente medieval desde el trayecto al castillo.
Castillo.
Castillo de Davalillo en zoom.
Sierra Cantabria.
Dentro del recinto amurallado superior.
Torre mayor.
Torre del Reloj.
Pozo/aljibe.
Clic
Clic.
Iglesia de Santa María La Mayor. El acceso estaba cerrado por el derrumbe del muro de contención.
Mariposas dentro del recinto amurallado.
FOTOS DE MI ARCHIVO, RELATIVAS A LA TRADICIONAL AUTOFLAGELACIÓN PÚBLICA EN SEMANA SANTA (LOS PICAOS DE SAN VICENTE DE LA SONSIERRA):
La iglesia de San Juan Bautista se encuentra situada en uno de los extremos del recinto histórico y está estrechamente vinculada a las antiguas murallas. Su origen está ligado a la propia condición fronteriza y defensiva de la localidad. Laguardia, fundada en el siglo X como plaza de defensa del reino de Navarra, conserva todavía buena parte de su trazado medieval y de sus fortificaciones.
San Juan Bautista fue concebida originalmente como iglesia-fortaleza, integrándose sus estructuras en el sistema defensivo de la villa. El edificio se encuentra adosado a la muralla y a una antigua torre destinada a proteger uno de los accesos meridionales de la villa. Esta estrecha relación entre arquitectura religiosa y arquitectura militar explica el aspecto macizo y defensivo que todavía caracteriza exteriormente al templo.
La construcción se desarrolló a lo largo de varios siglos. Las partes más antiguas corresponden a finales del siglo XII o comienzos del XIII y muestran todavía una marcada influencia románica. Especial interés presenta la antigua portada meridional, conocida popularmente como la portada de los Abuelos, en la que conviven elementos románicos y góticos. Sus arquivoltas, columnas y capiteles presentan una rica decoración escultórica con motivos vegetales, animales y escenas de carácter bíblico.
Durante los siglos XIII y XIV se levantó la mayor parte del templo en estilo gótico, configurándose el núcleo arquitectónico que ha llegado hasta nuestros días. Su planta adopta la forma de una cruz latina, aunque con brazos desiguales, condicionados por su adaptación al recinto fortificado. Dispone de crucero y tres ábsides, mientras que las naves se cubren mediante bóvedas de crucería y se articulan mediante arcos apuntados. Los muros conservan asimismo ventanales góticos y rosetones que introducen luz en el interior.
El carácter defensivo del conjunto fue perdiéndose progresivamente. Durante el siglo XVI la antigua torre almenada, que había formado parte de las defensas de la villa, dejó de desempeñar su función militar y fue transformada en campanario. De esta manera, una construcción nacida de la necesidad de proteger la población terminó adquiriendo una función esencialmente religiosa, aunque su arquitectura todavía permite reconocer su pasado militar de la villa.
En el interior destaca especialmente el retablo mayor, obra de finales del siglo XVII y de carácter churrigueresco, concebido para adaptarse a la cabecera poligonal. Esta obra cuenta con esculturas de Francisco Jiménez y policromía a cargo de los hermanos Miguel y Francisco Echazarreta. El templo conserva además diversos retablos y capillas correspondientes a diferentes épocas, reflejo de las sucesivas transformaciones experimentadas por la iglesia.
Adosada a los pies de la iglesia se encuentra la Capilla de la Virgen del Pilar, una construcción posterior que modificó sustancialmente la fisonomía de la parte occidental del templo. Fue levantada entre 1732 y 1740 por Juan Bautista de Arbaizade para sustituir una capilla anterior, del siglo XVI, que amenazaba ruina. Responde a un lenguaje barroco tardío, con una concepción espacial diferente de la arquitectura medieval de San Juan.
La capilla presenta una característica planta octogonal, organizada en torno a un espacio central cubierto y rodeado por una composición de arcadas. Su construcción supuso el cegamiento de la antigua portada principal de la iglesia, quedando aquella entrada monumental integrada en la nueva estructura. La intervención constituye un buen ejemplo de cómo, en época moderna, las necesidades devocionales y las nuevas formas arquitectónicas se superpusieron a las estructuras medievales preexistentes.
En su interior se conserva el retablo dedicado a la Virgen, de carácter barroco y anterior a la propia construcción de la capilla. Especial significado posee la imagen de Nuestra Señora del Pilar, que originalmente perteneció al mainel de la antigua portada principal de San Juan y que, según las referencias históricas, podría remontarse al siglo XIII. La tradición devocional vinculada a esta imagen cuenta con una larga presencia en la vida religiosa de Laguardia.
La capilla no debe entenderse, por tanto, como un elemento aislado, sino como la culminación de un largo proceso de transformación del templo. En ella se superponen la memoria medieval de la antigua iglesia-fortaleza, las reformas renacentistas y las nuevas formas barrocas del siglo XVIII. El resultado es un conjunto singular en el que la arquitectura militar, la arquitectura religiosa medieval y la ornamentación barroca conviven dentro de un mismo edificio.
La iglesia de San Juan está vinculada a las antiguas murallas de Laguardia.
A los pies del templo se construyó la capilla de la Virgen del Pilar levantada entre 1732 y 1740 por Juan Bautista de Arbaizade.
Portada románico tardía "de los Abuelos"
Óculo gótico.
Portada de Los Abuelos.
Capiteles de la portada de los Abuelos.
Retablo Mayor churrigueresco.
El coro y el órgano elevados en primera planta, a los pies del templo.
Impresionantes bóvedas.
Pila bautismal del mismo estilo que la que obra en la iglesia de Santa María de los Reyes.
Púlpito.
Bóveda bajo el coro.
A través de la parte baja del coro se accede a la capilla del Pilar.