A pocos kilómetros de Laguardia, junto a la carretera A-124 que comunica la localidad con Vitoria-Gasteiz, se encuentra el dolmen de San Martín, uno de los monumentos megalíticos más importantes de la Rioja Alavesa y una pieza fundamental para comprender las prácticas funerarias de las comunidades que habitaron este territorio hace más de cinco mil años. Su presencia, en medio del paisaje de viñedos y con la Sierra de Toloño como telón de fondo, constituye uno de los testimonios más antiguos de la ocupación humana de esta comarca.
El monumento responde al modelo de dolmen de corredor, una construcción funeraria característica del fenómeno megalítico. Su estructura está formada por una amplia cámara funeraria de planta poligonal, delimitada por diez grandes losas verticales de arenisca, a la que se accede mediante un corredor de unos cuatro metros de longitud. Originalmente, la construcción estaba cubierta por grandes losas y protegida por un túmulo de tierra y piedras, que daba al conjunto su característica apariencia monumental. En la actualidad solamente conserva una de las losas de cubierta del corredor.
El túmulo sufrió diversas alteraciones a lo largo del tiempo, especialmente como consecuencia de las labores agrícolas y del aprovechamiento de algunas de sus piedras. Sin embargo, el conjunto conserva todavía una notable presencia en el paisaje. Una de sus particularidades más llamativas es la existencia, adosado al monumento, de un guardaviñas o chozo tradicional, construido con piedras procedentes del propio túmulo y cubierto mediante una falsa cúpula. Este curioso aprovechamiento posterior demuestra cómo una construcción prehistórica pudo integrarse, muchos milenios después, en las actividades agrícolas tradicionales de Rioja Alavesa.
El dolmen fue descubierto el 11 de abril de 1956 por José Miguel de Barandiarán y Domingo Fernández Medrano. Ocho años después, en 1964, ambos investigadores, junto con Juan María Apellániz, llevaron a cabo la excavación arqueológica del monumento. Aquella intervención tuvo una especial importancia para la arqueología prehistórica española, ya que permitió estudiar con claridad la estratigrafía de la cámara y diferenciar distintos momentos de utilización del sepulcro.
Precisamente uno de los aspectos más interesantes de San Martín reside en que no fue utilizado durante un único momento, sino que conoció diferentes fases de ocupación funeraria. Durante la excavación se identificaron dos niveles claramente diferenciados. El inferior, correspondiente al Neolítico, contenía la mayor parte de los enterramientos y estaba acompañado de diversos objetos, entre ellos útiles de sílex, hachas de piedra, fragmentos de cerámica y los característicos ídolos-espátula realizados sobre huesos de animales. Un segundo momento de utilización, ya en época calcolítica, estuvo representado por un enterramiento acompañado de un ajuar que incluía un puñal de lengüeta de cobre, cerámica campaniforme, puntas de flecha y botones de hueso.
La presencia de estos dos niveles permite contemplar el dolmen no como una tumba utilizada en un momento concreto, sino como un lugar de especial significado para varias generaciones. Durante siglos, las comunidades prehistóricas regresaron a este espacio para depositar a sus muertos, renovar los rituales funerarios y dejar junto a ellos objetos relacionados con sus creencias y su vida cotidiana. La propia disposición de los restos y ajuares evidencia, además, las sucesivas reutilizaciones de la cámara.
San Martín ha proporcionado también algunos de los interrogantes más sugerentes de la prehistoria de la Rioja Alavesa. Determinados objetos recuperados en el nivel funerario presentan una antigüedad superior a la de algunos de los restos humanos con los que aparecieron asociados. Este hecho ha planteado la posibilidad de que ciertos objetos hubieran sido conservados durante generaciones antes de ser depositados en el sepulcro, o incluso que pudieran proceder de una tradición funeraria anterior. Lejos de restar valor al monumento, estas incógnitas contribuyen a mantener vivo el interés científico por San Martín.
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| Tras los viñedos... |
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| Guardaviñas al lado del dolmen. |
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| Entrada al guardaviñas. |
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| El corredor del dolmen en primer plano, |
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| Al fondo, la sierra de Cantabria o Sierra de Toloño. |
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| La cámara. |
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| Clic. |
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| Clic. |
VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO:
















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