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miércoles, 19 de agosto de 2026

Ameyugo: Centinela de las Tierras del Ebro (Burgos).

 

Situado en un enclave estratégico de la provincia de Burgos, a las puertas del imponente Desfiladero de Pancorbo, el pueblo de Ameyugo ha sido, desde tiempos medievales, un testigo fundamental del tránsito, la frontera y la defensa en la comarca del Ebro. Su historia está íntimamente ligada al control de las vías de comunicación que unían el centro de la Península con el norte y Europa, un factor  geográfico que esculpió su fisonomía y lo convirtió en un bastión señorial relevante.

Los orígenes documentados de Ameyugo nos trasladan a la Edad Media. Por su término discurría uno de los ramales históricos del Camino de Santiago y la vía principal de comercio, lo que atrajo el interés de las grandes familias nobiliarias de la época.

 El municipio perteneció inicialmente a la poderosa Casa de Lara. Con el paso de los siglos, concretamente hacia el siglo XVI, su propiedad y control señorial pasaron a ser compartidos por dos de los linajes más influyentes de la Corona de Castilla: los Velasco (Condestables de Castilla) y los Vélez de Guevara.

Además de su actual iglesia de Santa María la Antigua, Ameyugo contó con una joya del románico del siglo XIII: la ermita de San Juan. Lamentablemente, su espléndido ábside —que guardaba grandes similitudes con el de San Nicolás de Miranda de Ebro— corrió la misma suerte que otras tantas piezas del patrimonio español y fue vendido en 1930 a coleccionistas estadounidenses, perdiéndose su rastro exacto en la actualidad.

Ubicado en el propio entramado urbano del pueblo, el Torreón de los Guevara es el monumento más imponente y mejor conservado de Ameyugo. Se trata de una magnífica muestra de arquitectura militar y residencial señorial de finales del medievo.

 Aunque se le conoce popularmente con el nombre de los Guevara, la fortaleza estuvo vinculada originariamente a la familia Velasco. La documentación histórica apunta a que fue mandada levantar hacia el año 1480 por doña Isabel de Guevara.

 El edificio presenta una planta rectangular, siendo notablemente más alargado que profundo. Sus muros, de un grosor considerable de 1,20 metros, están construidos con un sólido sillarejo, reforzado con sillares perfectamente labrados en las esquinas.

En su fachada norte destaca un elegante ajimez (ventana de doble arco).

En la parte superior del torreón todavía sorprende una apretada hilera de canecillos, los cuales denotan la probable existencia en el pasado de un cadalso (estructura de madera volada para la defensa vertical).

 Aunque el tiempo ha limado parte de su corona, en el muro septentrional aún se conservan algunas de sus almenas originales, albergando en su interior la planta baja y tres pisos de altura.

En la cima del monte que corona Ameyugo, vigilando desde las alturas el curso del río Oroncillo, se asientan los vestigios de un antiguo castillo medieval. Esta fortaleza primigenia cumplió durante siglos la función crítica de proteger la frontera y dominar visualmente los accesos al desfiladero.

Con el devenir de los tiempos el castillo fue perdiendo su utilidad militar y quedó abandonado, desapareciendo casi por completo.

Sin embargo, la historia le reservó un último servicio estratégico en el siglo XIX: en el contexto de las Guerras Carlistas, el ejército liberal aprovechó los restos de la pequeña torre fortificada del castillo para integrarla en la modernidad de la época. Fue readaptada y reconvertida en una torre de telégrafo óptico.

Estas líneas de telegrafía óptica consistían en una red de torres fortificadas situadas en lomas elevadas, separadas a unos kilómetros entre sí. Mediante un sistema de persianas o lamas de madera móviles situadas en la azotea, los soldados enviaban mensajes visuales codificados que se replicaban de torre en torre. La posición elevada y casi inaccesible de la vieja fortaleza de Ameyugo resultaba perfecta para conectar rápidamente las comunicaciones militares entre Madrid y la frontera norte, uniendo la ingeniería decimonónica con los viejos cimientos de la estrategia medieval.

Hoy en día, el contraste entre el robusto torreón señorial a pie de calle y las evocadoras ruinas de la torre telegráfica en la cumbre configuran un paisaje patrimonial único que define a la perfección la esencia histórica de Ameyugo: un pueblo nacido para vigilar, comunicar y proteger.



A orillas del río Oroncillo.




Torreón de los Guevara.




Restos del castillo roquero cuya última función fue la de telégrafo óptico.




Iglesia de Santa María La Antigua.




Antiguo puente sobre el Oroncillo ofuscado por la construcción de la Autopista.



Restos del castillo (fotos de archivo)


Puente sobre el Oroncillo poco antes de iniciarse las obras de la Autopista AP1.


Imágenes de hace unos años del castillo (archivo personal):





   VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO:


  ÁBSIDE DE LA DESAPARECIDA ERMITA ROMÁNICA DE SAN JUAN, del siglo XIII que fue vendido en 1930 a coleccionistas estadounidenses, perdiéndose su rastro exacto en la actualidad. Lo he recuperado "gráficamente" gracias a un grabado antiguo y sobre todo a la Inteligencia Artificial. 


   VÍDEO HECHO EN BASE A LA IMAGEN ANTERIOR: 


domingo, 28 de diciembre de 2025

Astúlez (Estuliz), su iglesia románica y su castillo roquero.


  
   29-Noviembre-2025.

Tras visitar la localidad de Karkamu, nos dirigimos a la cercana población de Astúlez (Astúlez/Estuliz en su denominación oficial).  

El nombre de Astúlez aparece en documentos tan antiguos como el Cartulario de San Millán de la Cogolla del año 1025. Su desarrollo histórico se centra en su papel como núcleo defensivo y sede de un importante linaje, los Astúlez, que controlaron el territorio circundante.

Dentro del pueblo el edificio más destacado es la iglesia de San Millán. Ésta conserva su estructura románica original de planta rectangular y de una sola nave, aunque su interior fue notablemente modificado. Entre los añadidos que rompen con el volumen original del edificio, cabe destacar la torre de planta cuadrada.

La portada queda embutida en el estrecho pórtico bajo la torre, de construcción más tardía con respecto al resto del edificio. Esto ha provocado que hayan quedado semiocultos ambos laterales de la portada. La arquivolta está formada por tres arcadas apuntadas. La exterior, de mayor tamaño, muestra un grueso ajedrezado, la segunda es una moldura muy sencilla, y la tercera y más pequeña, carece de ornamentación.


 El ventanal del ábside, situado en la cabecera (la zona más sagrada del templo) y que algunos expertos consideran de los primeros años del Románico en la zona, es especialmente interesante por su iconografía: Es un vano simple, enmarcado por una arquivolta y que se apoya en pequeñas columnas (columnillas). Los capiteles de estas columnillas contienen detalles de interés. En concreto, en el capitel derecho (visto desde el exterior) se puede distinguir una curiosa escena de pesca.

También de origen románico es el ventanal del pie de la iglesia, ubicado en el muro oeste o alzado de los pies (la parte opuesta al altar). Presenta figuras humanas en sus soportes. En el capitel de la columna izquierda (visto desde el exterior) se halla esculpida una cabeza de varón, un elemento que podría formar parte de una narrativa o simplemente servir como motivo ornamental característico de la época.


Castillo de Astulez: Es una construcción del siglo X cuya finalidad era servir de refugio, defensa y vigilancia de esta parte del Valle de Valdegovía, así como de la ruta hacia el mar (que seguía el curso de los ríos Tumecillo - Omecillo) contra las incursiones devastadoras de las tropas musulmanas. En este lugar inicialmente existía un asentamiento de la Edad de Hierro. Está protegido la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico.
    El acceso se hace a través de un marcado camino que parte del pueblo en dirección noroeste. A escasos 500 metros encontramos un desvío a la derecha, marcado con una señal que nos indica la dirección al castillo. La última parte, cuando estamos al pie del castillo, es la que entraña algo de dificultad. Las vistas desde el castillo del valle y los pueblos circundantes son fantásticas. 

Muy cerca del pueblo de Astúlez.

Dándole al zoom.

Entrada al pueblo.

Tomando posiciones para "atacar" la subida al castillo.

Aplicando zoom desde otro ángulo.

Pero antes de subir al castillo es conveniente darse una vuelta por el pueblo

Escudo de armas.

Casas típicas.

Acercándonos a la iglesia de San Millán, con elementos románicos interesantes.


Pórtico.

Portada románica.

Capiteles de la portada (derecho).

Columna que sostiene el capitel izquierdo de la portada.

Ventana románica los pies de la iglesia.

Cabecera exterior. El ábside guarda sorpresas.

Ventana absidal.

Los navegantes.

Trasera de la iglesia.

Vistas desde un camino que hay encima de la iglesia.

Desde el camino encima de la iglesia: bonita vista al castillo.

Camino que confluye con el camino principal de acceso al castillo.

Retomando el camino al castillo.

La señal nos indica que tomemos el camino de la derecha.

La amplia senda que nos conduce al castillo.

Prestando atención a su entorno boscoso  y aún con señales otoñales.

Aquí ya nos advierten que hay que prestar atención.

Justo a los pies del castillo.

Ventana medieval.

Hay que subir a la puerta de la cerca o muralla.


La puerta de la muralla por dentro del recinto castellar.

Torre del homenaje.

Interior de la torre a la cual no se puede acceder, pero a través de una tronera casi tapada pudimos meter la cámara con alargador.

Aljibe 

Torre del homenaje.

El acceso hasta esta puerta ("ventana") se hacía a través de una escalera de madera que no existe.

Pero no hay nada que nos impida ver desde la puerta elevada con ayuda de "nuestro tercer brazo".

Vistas al pueblo desde el castillo.

Vistas al suroeste.

Vistas en zoom al pueblo de Osma.

Vistas en zoom al pueblo de Fresneda.

Clic.


  VÍDEO ELABORADO POR KEPA B. RUANO: