Tras ver publicada en Facebook un cartel con un horario de visitas para el día 30 de mayo pasado de este interesante templo románico, no dudamos en ir. Las dificultades que nos surgieron en su día para visitar su interior, de repente, se convirtieron en una gran ocasión que no dudamos en desaprovechar.
La iglesia parroquial de Santa María la Mayor, en la pequeña localidad de Fuente Úrbel (municipio de Basconcillos del Tozo, Burgos), es uno de esos templos del románico burgalés que, bajo una apariencia recia y modesta en su exterior, esconde un universo escultórico e iconográfico verdaderamente excepcional. Enclavada en la comarca de Las Loras, en los valles del Tozo y Valdelucio, es una joya tardo románica donde la fantasía del maestro cantero roza el misterio.
La primera referencia documental explícita de Fuente Úrbel data de 1192, año en el que aparece integrada entre las posesiones de las que fue dotado el monasterio de Santa Cruz de Valcárcel. No obstante, existen sólidas hipótesis que vinculan el origen de la iglesia de Santa María con los restos o la memoria de un cenobio más antiguo, el de Sancti Vicenti (San Vicente).
La fábrica románica que hoy contemplamos se levantó a caballo entre las últimas décadas del siglo XII y los albores del XIII. El templo experimentó reformas de gran calado estructural en el siglo XV y, posteriormente, en el periodo renacentista (época a la que pertenece la robusta torre campanario a los pies del edificio), si bien el espacio sagrado de la cabecera original se mantuvo intacto.
Arquitectónicamente, la iglesia responde al modelo rural de la zona, construida con sillería de piedra arenisca y concebida casi como un baluarte defensivo.
El elemento arquitectónico más puro del exterior es su ábside semicircular, el cual se divide verticalmente en tres paños o calles mediante dos semicolumnas adosadas (columnas entregas) que ascienden hasta la cornisa.
En el paño central se abre una única ventana de tipo portada, provista de una arquivolta ligeramente apuntada. Cuenta con una escocia decorada con delicados roleos tallados a bajorrelieve, aunque la erosión de la piedra arenisca por el viento y el agua ha desdibujado parte de los capiteles exteriores.
Adosada a los pies de la nave, muestra un canon bajo, pesado y compacto, con escasos vanos, muy propio de las necesidades defensivas y estructurales de las reformas posteriores.
El tramo presbiterial se cubre mediante una sólida bóveda de cañón apuntado.
El ábside propiamente dicho se cierra con una bóveda de cuarto de esfera (o de horno).
El paso de la nave al presbiterio se realiza a través de un majestuoso arco triunfal apuntado que descansa sobre columnas con capiteles profusamente esculpidos.
En el plano escultórico, donde Santa María de Fuente Úrbel adquiere un carácter absolutamente singular, los especialistas han vinculado al taller que trabajó aquí con las corrientes artísticas del Valle de Mena (como Santa María de Siones o Vallejo de Mena) e incluso con influjos cántabros (San Román de Escalante), caracterizados por un relieve expresivo, dinámico y a menudo enigmático.
En el capitel izquierdo del Arco triunfal se labró una escena ecuestre con dos jinetes afrontados que parecen separados por una figura mediadora o un sacerdote que sujeta las bridas de ambos caballos. Se interpreta como una representación de la "Tregua de Dios", la institución eclesiástica destinada a pacificar las guerras feudales.
En el capitel derecho destaca otro jinete ataviado con los pertrechos de la época (cota de malla, escudo y yelmo), quien se defiende del ataque de fieras y seres grotescos, simbolizando la lucha perenne del alma cristiana contra el pecado.
El Enigmático Capitel de la Forja (Mito y Leyenda): Uno de los relieves más fascinantes de la iglesia muestra una escena de herrería: un hombre sentado sujeta con unas tenazas un objeto sobre un yunque, mientras otro compañero levanta un martillo para golpear. Lo asombroso es la irrupción en la escena de una gigantesca ave que pica el objeto ardiente. Este motivo ha sido conectado por los historiadores tanto con sagas nórdicas (el mito de Sigurd y la forja de la espada Gram) como con bestiarios medievales sobre las propiedades míticas del avestruz.
En el presbiterio septentrional encontramos un arco ornamentado donde destaca la clásica y esbelta representación de Adán y Eva cubriéndose tras haber cometido el pecado original y un músico con un instrumento de cuerda.
En el exterior del ábside, sosteniendo el alero del tejado, se conserva una variada y rica colección de canecillos que configuran el habitual "repertorio profano y moralizante" del románico:
El Canecillo "del Turbante": Es, sin duda, el más célebre de la iglesia. Representa con minuciosidad a un personaje tocado con un turbante de clara influencia musulmana o mudéjar, testimonio del fluido intercambio cultural en la frontera castellana.
Destacan canecillos que muestran a un músico tañendo un instrumento de cuerda, a seres híbridos como la sirena-pez (nereida) sujetando su cola doble —símbolo de la tentación de la carne—, y figuras que portan libros o pergaminos.
Zoomorfos: Cabezas de animales salvajes y perros devorando a sus presas, recordatorios visuales de la fugacidad de la vida y las garras del pecado.
Vista general exterior. desde el parquin infantil.
Vista desde el ábside, S. XII-XIII,
Flores en un callejón del pueblo.
Torre-campanario de época renacentista.
Portada abierta en el lado norte.
Campanario.
Ábside S. XII-XIII.
Mascarones.
Mascarones con mordazas.
Sirena (nereida) y personaje que porta un libro.
Perros devorando a sus presas.
Canecillo del turbante.
Interior del templo desde el coro.
Pie de la nave y sus bóvedas.
Pila tardo románica o tal vez gótica.
Capitel izquierdo del arco triunfal: "Tregua de Dios"- Jinetes afrontados con un mediador.
Capitel derecho: Jinete medieval luchando contra una fiera. Lucha del alma cristiana contra el pecado.
Hemiciclo absidal.
Arco del presbiterio norte.
Capitel de ¿los apóstoles pescadores?.
Adán y Eva a un lado y al otro un personaje con un instrumento de cuerda.
Arcos y capiteles del hemiciclo del ábside.
Capitel de las 13 cabecillas con tocados.
El famosísimo capitel de la Forja: emparentado con el mito nórdico de Sigurd y la forja de la espada Gram.
En nuestro último día en tierras oscenses, nos acercamos a Aínsa (L'Aínsa en aragonés), una de las villa medievales más cautivadoras y mejor preservadas de España. Situada en el corazón del Pirineo Aragonés, se alza sobre un promontorio, dominando la confluencia de los ríos Cinca y Ara. Su casco antiguo fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1965, aunque desde 1931 la parroquia y el castillo ya tenían categoría de Monumento Nacional.
Su origen se remonta a la época de la Reconquista, siendo el siglo XI un punto de inflexión cuando se integró en el Reino de Aragón bajo el reinado de Sancho III el Mayor.
Sin embargo, la memoria colectiva de la villa está ligada a la Leyenda de la Cruz de Fuego. Según la tradición, en el año 724, las tropas cristianas de Garcí Ximénez lograron derrotar al ejército musulmán gracias a la aparición de una cruz roja luminosa sobre una carrasca (encina). Este evento se conmemora cada dos años en la representación de "La Morisma" y es el motivo central del escudo del Sobrarbe.
El urbanismo de Aínsa es un ejemplo magistral de adaptación al terreno y de arquitectura defensiva. La villa se articula en torno a dos ejes principales que desembocan en su centro neurálgico, todo construido con la sobriedad y resistencia del estilo románico.
La Plaza Mayor es, para muchos, una de las plazas medievales más bellas de Europa. De planta trapezoidal, destaca por sus porches laterales con arcos de medio punto y ojivales, diseñados originalmente para albergar ferias y mercados protegidos de las inclemencias del tiempo.
La Iglesia de Santa María empezó su construcción a finales del siglo XI y fue consagrada en el siglo XII, siendo este templo un baluarte del románico aragonés. Su torre defensiva, de dimensiones monumentales, cumplía una doble función: espiritual y de vigilancia. Su claustro, de planta irregular, es visitable, aunque, desafortunadamente, no está abierto todos los días de la semana. Nosotros tuvimos la mala suerte de encontrarlo cerrado.
El Castillo está situado en un extremo de la villa. Esta fortaleza conserva elementos que van desde el siglo XI hasta el XVI. Su enorme patio de armas y sus murallas ofrecen una perspectiva única de la planificación militar de la época. Desde su camino de ronda de pueden admirar buenas vistas de la población y admirar su privilegiada ubicación sobre la confluencia de los ríos Cinca y Ara, así como acceder al llamado Balcón de la Villa, con privilegiadas vistas de Aínsa con su Plaza Mayor en primer plano.
Subiendo hacia la villa medieval.
Portales de acceso al recinto medieval. Portal de Afuera.
Portal de Abajo, situado a escasos metros del Portal de Afuera.
Vista interior del Portal de Abajo.
Iglesia de Santa María. S. XI-XII.
La Iglesia de Santa María vista desde la Plaza de Alfonso I de Aragón
Arco del Hospital, junto a la Iglesia de Santa María.
Vista panorámica desde los aledaños al Arco del Hospital.
Bajada desde el Arco del Hospital hacia la muralla.
Portal de Tierra Glera, junto con una parte de la muralla.
La torre de Santa María vista desde la Plaza de Alfonso I de Aragón.
Plaza Mayor. S. XII - XIII.
Portal de acceso a la Plaza Mayor desde la Calle Mayor.
Porches de la Plaza Mayor, de estilo románico con arcos de medio punto.
Desde Aínsa se aprecian bonitas vistas de los cercanos Pirineos, todavía cubiertos de nieve.
Dentro del conjunto amurallado del castillo, camino de una de sus partes más antiguas, la Torre del Homenaje (s. XI). Actualmente acoge el Eco Museo de la Fauna Pirenaica.
La torre de la Iglesia de Santa María es visible incluso desde dentro del Castillo.
Panorámica de la villa y su valle circundante desde el camino de ronda del castillo.
Vistas desde el Balcón de la Villa.
Arquitectura típica en un acceso a otro de los miradores de la Villa.